jueves, 6 de julio de 2017

L´Art Pompier


Te prometo que en la exposición no habrá ninguna de esas espeluznantes mujeres desnudas de la Polinesia francesa que mostraron el año pasado. Estrictamente floreros con lirios y paisajes marinos o similares. Creo que los organizadores aprendieron una dura lección.

“The Knick”, episodio octavo.




En castellano el título de esta entrada podría traducirse en algo así como “Arte Bombero” en base a un juego de palabras dentro del idioma francés que en su origen aludía a las pinturas de Jean Louis David. La explicación es que en los cuadros de David aparecían frecuentemente soldados ataviados con cascos similares a los que por aquellos tiempos usaban los primitivos equipos de bomberos en el país galo, un hecho que no pasó desapercibido para los detractores de las obras de David y de sus imitadores o discípulos. Por todo ello con el tiempo el uso del término pompier en el campo de la crítica de arte derivó dentro de Francia en una forma de referirse despectivamente a los clichés que solían aparecer en las pinturas historicistas en general. Además en el idioma francés dicha palabra, cuando la usamos como adjetivo y no como sustantivo, significa ni más ni menos que "pomposo”. Y todo ello junto explica por qué ese apelativo degradante se popularizó, evidentemente gracias a sus críticos, de cara a denominar un tipo de pintura académica francesa decimonónica centrada en temas históricos y alegóricos. 

   A fin de cuentas las anteriores eran temáticas que empezaban a dejar de estar de moda en Francia por entonces (al contrario que en Inglaterra donde ese tipo de pintura continuó más tiempo vigente). Hay que tomar en consideración asimismo que a medida que el s. XIX avanzaba aproximándose a su final también la técnica empleada por los pintores pompiers comenzaba a ser considerada obsoleta entre sectores de la crítica de arte debido a la influencia tanto de los pintores realistas de aquel tiempo, centrados en temáticas sociales, como de algunas vanguardias, fundamentalmente los pintores impresionistas. De tal forma al mencionar el Art Pompier hablamos de un tipo de arte eminentemente académico, orientado hacia el consumo burgués y que ya en su momento era valorado como pretencioso o presuntuoso por buena parte de su público potencial.  

Sus principales exponentes fueron Alexandre Cabanel (1823-1889) y William Adolphe Bouguereau (1825-1905). Junto a ellos podríamos considerar también como integrantes de este grupo a otros pintores historicistas y academicistas franceses del período, sobre todo algunos interesados en la temática orientalista, caso de Gustave Boulanger (1824-1888) y sobre todo de Jean Leon Gerome (1824-1904). Con la particularidad de que varios de ellos eran a su vez discípulos de Paul Delaroche (1797-1856) un pintor muy interesante porque su obra en parte fue una síntesis de la pintura neoclásica y la romántica.

No obstante, de cara a entender la inquina que en paralelo a su éxito llegó a despertar la obra de estos autores, necesitamos saber algunas cosas sobre el llamado Salón de París, una exposición de arte organizada anualmente por la Academia de Bellas Artes de París a partir de 1725. Casi desde entonces y hasta finales del s. XIX el Salón de París fue el acontecimiento artístico más importante del mundo, el que marcaba las tendencias y consagraba o hundía carreras de pintores. Ahora bien, avanzado el s. XIX cada vez resultó más claro el conservadurismo de los artistas que resultaban premiados en el Salón y, por consiguiente, el propio conservadurismo de la Academia de Bellas Artes a la hora de escoger tanto a los artistas con derecho a exponer sus cuadros en el certamen como a los premiados al final del mismo.

Muy significativo resulta el año 1863 durante el cual el jurado del Salón (presionado por Cabanel y Bouguereau) rechazó un número inusualmente alto de obras y en especial todas las de Manet. Como resultado hubo protestas y se creó un Salon des Refusés (Salón de los Rechazados) cuya inauguración el 17 de mayo de 1863 marcó el nacimiento de las "vanguardias". A partir de ahí, durante la siguiente década, los pintores "impresionistas" empezaron a celebrar sus propias exposiciones públicas. De esta forma el malestar con la Academia y su control del Salón de París llevó a que en 1881 el Gobierno francés retirase el patrocinio oficial al Salón. Como respuesta se formó una Société des Artistes Français para que se hiciera cargo de recoger el testigo, si bien la mayor parte de sus integrantes eran pintores académicos bien relacionados, lo que por tanto no contribuyó a calmar el malestar de aquellas escuelas de pintura que se sentían excluidas o menospreciadas.

Por todo ello en diciembre de 1890 el líder de dicha Société, William-Adolphe Bouguereau, se vio obligado a plantear la idea de que el Salón debía ser una exposición de artistas jóvenes, aún no premiados. Pero Ernest Meissonier, Auguste Rodin y otros rechazaron su propuesta, se escindieron y crearon a su vez la Société Nationale des Beaux-Arts (“Sociedad Nacional de Bellas Artes”) que desde 1899 organizó su propia exposición, llamada Salon de la Société Nationale des Beaux–Arts y, abreviadamente, Salon du Champs de Mars.

Posteriormente, a finales de octubre de 1903, un grupo de pintores y escultores liderados por Renoir y Auguste Rodin organizaron el Salón de Otoño (Salon d'Automne) contando asimismo con la colaboración de artistas como Matisse. Los primeros éxitos de la iniciativa fueron una exposición sobre Gauguin ese mismo año y otra que dio a conocer el Fauvismo en 1905, seguida de una exposición en torno a la obra de Cézanne en 1907, hasta culminar todo ello en la exposición de 1910 que sirvió para familiarizar al público con el Cubismo.

  En ese momento podemos considerar que se completó un proceso. La Academia de Bellas Artes y a través de ella el Salón de París habían estado controlados casi desde su fundación por unas élites intelectuales esencialente conservadoras, no solo en cuanto a su ideología política sino también respecto a su visión sobre el arte. Por ejemplo Alexandre Cabanel, que era uno de los artistas preferidos de los emperadores Napoleón III y Eugenia de Montijo y un enemigo jurado de Manet, fue en 17 ocasiones miembro del jurado del Salón de París del cual recibió la medalla de honor en tres ocasiones, en 1865, 1867 y 1878.

Pues bien, durante la segunda mitad del s. XIX dichas élites artísticas intentaron desde su posición de privilegio obstaculizar el ascenso de diversos creadores jóvenes (a los que se referían con desprecio usando el apelativo de barbouilleurs o "embadurnadores") los cuales hacían gala de un nuevo estilo de pintura y en general de una visión distinta de la pintura completamente alejada de los postulados académicos tradicionales. El mismo Cézanne cuando fue rechazado de la convocatoria anual de la Academia manifestó haber sido “excluido del Salón Bouguereau”.

Pero ese intento de frenar lo inevitable fracasó y con el tiempo esos nuevos movimientos artísticos crearon sus propios certámenes a través de los cuales exponer sus obras y así poco a poco lograron hacer calar sus ideas entre público y crítica.

En todo caso, a mí, estos últimos artistas, hoy más conocidos y respetados, ni me gustan ni me interesan. Así que en este caso concreto, y sin que sirva de precedente, voy a manifestar que mis simpatías se decantan por un montón de rancios machistas pretenciosos, clasistas y ultraconservadores que, pese a todo, pintaban cosas que a mí me gustan. Y como este es mi blog y con él hago lo que quiero pues os dejo con una selección de imágenes de algunos cuadros de esta gente. Estos “pomposos” perfectamente incrustados en el “sistema” que se dedicaban a pintar mujeres desnudas y escenas históricas grandilocuentes e impolutas completamente al margen de la realidad social o de los movimientos más modernos y de vanguardia de su tiempo. Cuadros en algunos casos especialmente del gusto de mafiosos rusos o dueños de burdeles extremeños, lo admito.



Pese a todo la obra de muchos de esos autores, en su tiempo reputados pero más adelante vituperados por la crítica de arte del s. XX, está recuperando hoy en día cierta valoración, a lo cual yo pretendo contribuir desde mi patética insignificancia. En relación con ello os dejo, bajo estas líneas, una pequeña selección de obras de Paul Delaroche, que es el precedente directo de muchos de esos autores que me interesan, así como algunas imágenes de obras de Bouguereau, Boulanger, Cabanel o Couture, y finalmente también algunos cuadros que todavía no os había enseñado de Jean Leon Gerome. A ese respecto diría que Ingres-Delaroche-Gerome son mi Santa Trinidad de la pintura francesa del XIX. Por eso en parte espero que os guste la galería de imágenes que he preparado.   

 [Como siempre dando click en la imagen podéis observarla a mayor tamaño y si dais a guardar debería aparecer por defecto información sobre el autor de la obra y el título de la misma].